La Diócesis cuenta con 9 mártires, testigos de fe que dieron su vida en la Guerra Cristera.

El 21 de mayo del 2000 el papa Juan Pablo II canonizó un grupo de 25 mártires cristeros, seis de ellos son originarios o murieron en el territorio diocesano: San Pedro Esqueda, san Julio Álvarez, santo Sabás Reyes, santo Toribio Romo, san Tranquilino Ubiarco y san Román Adame.

El 20 de noviembre de 2005 otro grupo ocho de mártires cristeros fueron beatificados, entre ellos tres de la diócesis: Anacleto González Flores, Miguel Gómez Loza y Luis Magaña Servín.